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Un incendio destruyó un comedor infantil al que iban 200 chicos
25.04.2018
Un incendio destruyó un comedor infantil al que iban 200 chicos
Está en Avellaneda al 4300 y lo habían construido los vecinos. Una de las principales impulsoras, también perdió su casa.
Una importante montaña de chapas se erige sobre el cantero central de bulevar Avellaneda al 4300. A esa imagen la acompaña el olor a escombros que ardieron, cenizas húmedas y barro. Es la faceta que quedó del Comedor Busca Vida, que se incendió ayer por la mañana junto a la casa de una de sus coordinadoras, Adriana Ordóñez. Ahora necesitan la ayuda de todos para sacar adelante el proyecto que le da de comer a 200 chicos del barrio.
La mujer, de 43 años, es ciruja y decidió emprender hace dos años el proyecto para ayudar a quienes más lo necesitan en el barrio.
Según contó, el incendio comenzó con un cable que se prendió fuego en la calle, voló hacia su casa (que se encuentra atrás del comedor) y tomó las paredes. Luego se propagó hacia el comedor, que se encontraba en el frente de Avellaneda 4322.
"Tenemos 200 chicos anotados, más los papás y mamás que a veces no tienen y que vienen aparte. Hay cuatro o cinco familias más que vienen a anotarse todas las semanas y se suman a los chicos que ya tenemos fijos", contó Adriana.
Para el comedor precisan básicamente, todo: desde elementos para cocinar hasta la comida en sí. Adriana detalló: "Necesitamos algo para cocinar, porque se nos quemó el mechero que teníamos, que era el único. También se nos quemaron ollas, coladores, mesas, bancos, sillas. Lo poco que íbamos comprando para tener, lo perdimos. Todo se nos prendió fuego".
Hace unos días, la gente del comedor hizo un evento en el club Central Oeste, que les prestó la cancha. A pulmón, consiguieron que toquen músicos a beneficio y lo recaudado se destinó a pagar el sonido y comprar comida para los chicos porque, según contó Adriana, "era tanta la cantidad de pibes, que no alcanzaba".
Ayer, el fuego destruyó todo lo que mencionó la mujer y, a eso, se sumó lo que lograron juntar producto de la celebración que con esfuerzo hicieron en Central Oeste.
Además, en el mismo comedor que se levantó con la ayuda de todo el barrio se brindaban clases para enseñar a leer y escribir a los adultos y apoyo escolar para los chicos que están en la escuela (ver aparte).
Perderlo todo
Adriana tenía su casa atrás del comedor y se lamentó porque no llegó a salvar ninguna de sus pertenencias: "Mi casa era de chapa y perdí todo. Me quedé sin nada".
Para volver a levantarla y poder quedarse en ella, necesita chapas y tirantes. "Tengo que levantar todo, porque me quedé sin nada", comentó, sumando que anoche se quedó a dormir junto a sus hijos en lo de su hermana, quien vive en barrio San Francisquito, a unas 15 cuadras de lo que quedó de su casa.
Ella vive hace más de 12 años en el barrio y contó que siempre fue ciruja: "Desde chicos nos la rebuscamos. Mi viejo laburaba de recolector de basura a la mañana, a la tarde salía a vender verduras con un carrito a caballo y a la noche nos íbamos todos a cirujear".
La mujer destacó la ayuda de la gente del barrio para limpiar el terreno y recomenzar cuanto antes. Durante la charla, las carretillas empleadas por los vecinos no cesaron de entrar vacías y salir con segmentos de estructura quemada.
"Los lunes y jueves nos juntamos para ver qué podemos hacer para el comedor: qué vender, que rifa hacemos, algún bingo. Cada uno trae lo que puede y eso se rifa. Somos un montón más de los que estamos ahora", señaló en referencia a quienes se encontraban ayudando ayer por la tarde.
Ganas de ayudar
A pesar de las adversidades, Adriana y los vecinos construyeron el espacio con mucho esfuerzo para poder dar una mano a quienes más lo necesitaban en el barrio.
"Las ganas de ayudar surgen de lo que uno pasa. Me separé cuando mis hijos eran muy chiquititos y los tenía que criar. Salía a trabajar y también nos anotábamos en comedores, porque capaz que un día no tenías para darles de comer, porque ese día no tuviste suerte trabajando, entonces tenías que ir a buscar la comida al comedor", narró.
Así como Adriana y los vecinos del barrio Vía Honda un día decidieron ayudar, hoy le toca a Rosario brindarles su solidaridad para que vuelvan a funcionar con las mismas ganas con las que arrancaron.
Para colaborar, los interesados se pueden comunicar con Adriana al 153-549762 o con Sofía Suárez, al 153-228086.


 
Fuente: La Capital
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